El Campo de Montiel


El Campo de Montiel


El campo de Montiel se caracterizó por ser población fronteriza, pues era paso obligado para los invasores que querían atravesar la península Ibérica. Estas invasiones, junto con la crudeza climática, hacen que los núcleos de población no sean ni muchos ni muy grandes. A pesar de esto ya en la época romana encontramos poblamientos: Almedina, Alhambra, Fuenllana, Vva. de los Infantes, Vva. de la Fuente, Torre de Juan Abad, lo que hace que todavía perduren “vías romanas” en nuestros campos y ermitas.

Pero sin duda la máxima influencia histórica es la de la presencia árabe, que en las primeras décadas del s. VIII se encuentran un territorio casi desértico y muy pobre, pero con un gran valor estratégico. Surgen los primeros enclaves: Alambra, Albaladejo, Alcubillas, Almedina, Eznavejor (Torre de Juan Abad) y sobre todo Montiel con los castillos de San Polo y la Estrella.

Y más fuerte aún es la presencia y la influencia de la Orden de Santiago, que creada el 1 de Agosto de 1170 en Cáceres, fue aumentando su poder, su espíritu de Cruzadas y su sistema reconquistador. A nuestro Campo de Montiel llega en 1186 iniciando un proceso repoblador y de reconquista, que a partir de 1212 convierte a este territorio en un importante centro de operaciones bélicas contra los territorios musulmanes al sur de Sierra Morena.

En 1243 la Orden de Santiago posee todo el campo de Montiel, comenzando a explotar sus posibilidades económicas y estableciendo castillos y poblamientos con sus Parroquias. En 1243 Montiel recibe su primer fuero y se configuran las tres grandes cabeceras medievales del campo: Montiel, Alhambra y Eznavejor (Torre de Juan Abad). Se instituye la celebración de la “Junta del Partido”, que debería celebrarse en la Iglesia Parroquial de Montiel, actual Ermita del Sto. Cristo.

Los templos Parroquiales

Los libros de Visita de la Orden de Santiago serán, desde entonces, una fuente histórica de gran importancia para conocer nuestro patrimonio cultural: la Orden de Santiago contribuyó a la reconquista y repoblación, fomentó el desarrollo de pueblos y aldeas, creó vías de comunicación, estableció una base económica y administrativa. Todo envuelto en un marco eminentemente religioso.

Posteriormente, de 1492 a 1515, con el reinado de los Reyes Católicos, no se hará sino aumentar y proseguir en esta línea: absorben los poderes de las Órdenes, se convierten es maestres y se inician fuertes movimientos constructivos en todo el campo de Montiel creándose y afianzándose numerosas encomiendas: Vva. de la Fuente, Carrizosa, Alhambra y La Solana, Montiel, Santiago de Montizón, Torre de Juan Abad, Torres y Cañamares, Villahermosa etc...

En el año 1175 el papa Alejandro III concedía la Bula fundacional al primer maestre de la Orden, Pelay Pérez Correa, en ese documento existía una concesión muy particular: el Papa concedía a la Orden “…todas las rentas, diezmos, y derechos eclesiásticos de todas aquellas iglesias que fueran nuevamente levantadas en los territorios desiertos arrebatados a los musulmanes…”. Como contrapartida “…la orden garantizaría la manutención de sus beneficios y fábrica….”

Así, los nuevos pobladores necesitaron clérigos de la Orden y edificios adecuados que garantizaran la administración de los sacramentos y la recristianización del territorio. Ello hizo que las primeras construcciones fueran una simbiosis de fortaleza-templo, situada en posiciones elevadas dominando el territorio: Alhambra, Fuenllana, Alcubillas, Montiel, Torres, Torre de Juan Abad, Terrinches, Almedina.

A mediados del S. XV, cuando ya se cuenta con excedentes económicos y demográficos suficientes, se acomete la construcción de nuevas parroquias: unas son ampliación de las existentes, otras se levantan sobre terrenos nuevos, otras aprovechan el solar de antiguas mezquitas. Lo cierto es que entre 1468 y 1493 se reconstruyen o erigen totalmente nuevos casi todos los templos del Campo de Montiel; ahora conservamos: Ntra. Señora, de Villahermosa; San Sebastián de Montiel; S. Andrés, de Vva. de los Infantes; San Bartolomé, de Santa Cruz; Santa María Magdalena, de Alcubillas; San Vicente, de Cózar; Santiago, de Albaladejo; Santo Domingo, de Terrinches; Nuestra Señora, de Puebla de Montiel; San Andrés, de Villamanrique; Nuestra Señora de los Olmos, de Torre de Juan Abad. En una visita del año 1478 se describe con gran detalle la Ermita de Ntra. Sra. de la Vega de Torre de Juan Abad, lo que nos da una idea aproximada de cómo serían las construcciones de esa época.

En el reinado de los Reyes Católicos, con la religión como pilar básico de su política, todos estos templos serán mejorados y agrandados para albergar a los nuevos feligreses que debían y querían cumplir con los oficios divinos. Los templos se embellecen con capillas mayores, portadas cada vez más ricas y ornamentadas (Villamanrique y Villahermosa); también se construyen las Torres-campanario, las tribunas, los contrafuertes, las bóvedas estrelladas, las portadas, etc.

La muerte de los Reyes Católicos y la subida al trono de su nieto Carlos I traerá nuevos aires hasta esta comarca. Tratarán de crear un espacio sagrado monumental, ricamente ataviado, escenario perfecto para la exaltación de los dogmas cristianos. Todos los templos de nuestro territorio tienen el objetivo de servir a una sociedad evidentemente marcada por una mentalidad en la que lo sagrado forma parte de la vida cotidiana. El templo es la “Nueva Jerusalén celeste”, residencia del Santo Sacramento, exaltado tras el concilio de Trento en 1545. Todos los fieles deben participar en su cuidado y decoro, consiguiendo que la Iglesia sea la casa más noble y rica de toda la villa. Así dice el concilio de Trento:

“…La Iglesia es Palacio del Rey Eterno; es la Corte de los Ángeles, su cielo y su domicilio abreviado en el pequeño espacio de un Templo; donde los fieles habían de estar pasmados emulando el silencio y modestia de los ángeles…”. “…Cualquier Iglesia donde se aposenta el Rey Eterno sacramentado es su casa y es su Palacio real, porque en ella da sus audiencias este gran Rey…”.

A partir de la segunda mitad del S. XVI, comienza el protagonismo de Vva. de los Infantes, antigua aldea dependiente de Montiel, y que había ido creciendo hasta eclipsar al resto de los asentamientos del Campo. Allí surgirá la importantísima figura de Santo Tomás de Villanueva, y Fray Tomás de la Virgen. Allí irá, también, a morir, en su convento de dominicos, el genial Francisco de Quevedo desde su retiro en Torre de Juan Abad.

En esta época se construyen retablos, se enriquecen y monumentalizan todas las Iglesias; pero, por desgracia, no todo ha llegado hasta nosotros, mucho se perdió y destruyó en los años 1936-1939 y consecuencias posteriores. Aún así podemos ver todavía, en todo nuestro territorio, magníficos ejemplos de lo dicho.

FUENTE:
*. Iglesias Parroquiales del Campo de Montiel. 1243-1515. de Pilar Molina Chamizo. BAM 1990

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